Constantemente hablamos de variables emocionales, de lo importante que es la motivación, la actitud etc. para la consecución de nuestros objetivos. Esas variables son las que determinan algo tan importante como son las expectativas.
¿Por qué importantes? En función de unas expectativas más o menos altas utilizaremos más o menos de nuestros recursos. Unas bajas expectativas pueden frenar nuestro impulso,incluso renunciar a metas o proyectos.
Ahora te pregunto ¿cómo vamos de expectativas? Probablemente al pensar sobre ello ni siquiera seamos conscientes de que en parte, esas expectativas están influidas por las expectativas que los demás depositan en nosotros (nuestros padres, amigos, familia, nuestro jefe o superior...) Esto, aparentemente inofensivo puede resultar altamente peligroso. Es importante que semaos conscientes que a menudo construímos nuestras expectativas a raíz de lo que los demás esperan de nosotros. En el caso caso de que sean excesivas, de que se alejen de las propias de la persona pueden llegar a traducirse en una sobrecarga de responsabilidad. Por el contrario, si depositamos expectativas demasiado bajas en una persona, ésta puede sentir que no está siendo valorada, y por tanto, que no tiene valor, que no podrá superarse.
¿Dónde está el equilibrio? Lo ideal sería tener unas expectativas reales. La dificultad de hacerlo se debe al papel que juegan las emociones y nuestras creencias personales. Las expectativas se proyectan a partir de nuestras percepciones, que a su vez pueden sesgar nuestras emociones y crencias (no olvidemos que el pensamiento precede a la emoción).
En este sentido resulta útil hacer una valoración previa de la situación o tarea que constituye nuestro objetivo, valorando posibles ventajas e inconvenientes y considerando nuestros conocimientos y herramientas para su consecución. Si tras esta valoración nos damos cuenta de que nuestra meta resulta inalcanzable, lo más conveniente sería replantearnosla. Son esas metas inalcanzables las que podrían afectar a nuestras expectativas en el futuro. Por tanto, objetivos reales para exceptativas reales.
Esa valoración objetiva de la situación también nos servirá en el caso contrario, es decir, para alimentar unas expectativas insuficientes. Muchas veces, la falta de inicativa o el fijarnos sólo en las dificultades hace que "rebajemos" nuestras aspiraciones y expectativas. Sin embargo, analizando cuáles son nuestras metas y qué recursos y obstáculos tenemos, podremos llegar a darnos cuenta de que nuestro objetivo es realizable, de que tenemos que luchar por él y movilizar nuestros recursos.
Por eso las expectativas deben nacer de cada uno de nosotros, ya que es cada persona la protagonista de su proyecto vital, la que tomará las decisiones. Los demás tendremos que apoyar y respetar sus aspiraciones.
Como orientadores, nuestra labor será que cada persona luche por sus metas, siendo capaz de identificar cuáles son los obstáculos para su consecución (influencias de las creencias limitantes y pensamientos negativos) así como los recursos personales de los que dispone. De este modo, las expectativas se ajustarán a la realidad.
En este sentido resulta útil hacer una valoración previa de la situación o tarea que constituye nuestro objetivo, valorando posibles ventajas e inconvenientes y considerando nuestros conocimientos y herramientas para su consecución. Si tras esta valoración nos damos cuenta de que nuestra meta resulta inalcanzable, lo más conveniente sería replantearnosla. Son esas metas inalcanzables las que podrían afectar a nuestras expectativas en el futuro. Por tanto, objetivos reales para exceptativas reales.
Esa valoración objetiva de la situación también nos servirá en el caso contrario, es decir, para alimentar unas expectativas insuficientes. Muchas veces, la falta de inicativa o el fijarnos sólo en las dificultades hace que "rebajemos" nuestras aspiraciones y expectativas. Sin embargo, analizando cuáles son nuestras metas y qué recursos y obstáculos tenemos, podremos llegar a darnos cuenta de que nuestro objetivo es realizable, de que tenemos que luchar por él y movilizar nuestros recursos.
A continuación os dejo un esquema muy simple para que veáis la conexión de las expectativas con las creencias y las emociones.
Como orientadores, nuestra labor será que cada persona luche por sus metas, siendo capaz de identificar cuáles son los obstáculos para su consecución (influencias de las creencias limitantes y pensamientos negativos) así como los recursos personales de los que dispone. De este modo, las expectativas se ajustarán a la realidad.


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