En varias de las entradas anteriores ya plasmé la idea de cómo la actitud da forma a nuestras vidas. En realidad, no es ningún descubrimiento, todos lo sabemos. Entonces, ¿qué es lo que nos apaga nuestro empowerment, nuestras ganas, nuestras expectativas...
Reflexionando sobre esto, vino a mi mente el sabio Sócrates, con aquella frase... "Fuera de la sociedad, el hombre es una bestia o un dios". Lo cierto es una de las variables que afecta directamente sobre nuestra actitud, sobre esa fuerza interior... es nuestra querida sociedad.
Es innegable que sin la sociedad, no somos "nada", pero ¡qué determinante resulta en nuestra vida desde nuestro nacimiento...!
En un sentido amplio del término es nuestro marco de referencia (para lo bueno y para lo malo), pero más influyente es aun la sociedad de cada uno, la que rodea a cada individuo. Son las opiniones y juicios ajenos lo que nos fortalece o nos achanta, los que nos hace sentirnos normales, raros, valiosos, especiales... del mismo modo que nosotros mismos influimos en los demás.
Es importante que este efecto pigmalión no entorpezca nuestra propia visión. ¿Debemos vivir ajenos a todo los mensajes que recibimos sobre nosotros mismos? ¡No! Por supuesto que no. Lo idóneo sería saber desgranarlos, reflexionar acerca de ellos y, sobre todo, convertirlos en eslabones para fortalecernos.
Por otro lado, responsabilicémonos de nuestra influencia sobre los demás, de nuestro "papel social".
Somos seres sociales, nos desarrollamos en sociedad pero a la vez tomamos de ésta creencias y juicios que pueden entorpecer el alcance de nuestras metas. Seamos reflexivos y no dejemos que esos consejos ajenos determinen nuestro camino...

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