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jueves, 5 de abril de 2012

CONSEJOS

Hasta hace poco pensaba.... "a casi todo el mundo el viene bien un consejo" "los amigos dan consejos" "un consejo manifiesta ganas de ayudar a quien se da"... en definitiva, no  veía nada  perjudicial en torno a éstos (con eso de que si quieres los tomas y si no los olvidas...).


Sin embargo, mi concepto sobre la necesidad de recibir y dar consejos está dando un giro, en cuestión de varias semanas, aunque con ello no quiere decir que los considere rotundamente negativos.

Desde mi perspectiva personal, existen tres situaciones en las que se reciben consejos:



Consejo. Clasificación improvisada de consejos

Consejos que se solicitan. Pedir un consejo significa que confías en esa persona a la que acudes, y también que él/ella hará lo posible por ayudarte. Sin embargo, eso no es garantía de que el consejo sea el adecuado.


Consejos que se piden indirectamente. Creo que son los más abundantes; cómo nos gustar expresar que estamos hechos un lío y que de repente.. ups! consejo consejito...menos mal que nos dan opinión... que haríamos sin ella....

Consejos que NO se han pedido. Estos son los que menos gustan, sin embargo, no tienen porqué ser los que menos calan.



Pero ahora, analicemos, ¿qué más implica dar/recibir consejos?
Para empezar, pedirlos es un camino muy fácil...puede que a veces sea una última opción, pero otras no es más que una alternativa a no tomar las riendas de la situación, a derivar en otro decisiones que debemos tomar nosotros.

Igual de fácil puede ser darlos. Cualquier dificultad resultará más insignificante desde el exterior. ¿Hasta qué punto es justo invitar a tomar las decisiones que tomaríamos nosotros mismos?
No nos podemos olvidar de que los demás ven la situación de un modo un tanto sesgado, por lo que es importante que antes de escuchar esos consejos nos planteemos si tenemos claro el problema y qué podemos hacer nosotros mismos para solucionarlo.

Llevándolo al ámbito profesional, al mundo de la orientación, es fundamental evitar dar consejos a la otra persona. No se trata de decir lo que haríamos en su caso, de expresar nuestro propio punto de vista (condicionado por nuestras experiencias personales) sino de escuchar lo que tiene que contarnos y llegar junto a ella a definir los pasos a seguir. Esos pasos deben ser encontrados por él/ella mismo, con nuestra orientación, sí, pero no deben ser impuestos o propuestos de forma externa a su planteamiento de la situación.


Por eso, podríamos concluir esta entrada afirmando que mejor que perder el tiempo esperando el consejo ideal, es buscarlo en el espejo, en la almohada, en lo que pensamos en la ducha...nadie mejor para aconsejarnos que nosotros mismos.

El orientador orientará (valga la redundancia) evitando dar consejos, a favor de construir los pasos más adecuados junto con la otra persona. Los consejos, el qué hacer debe nacer de la persona a la que orientamos quien es sin lugar a dudas el único dueño y gestor de su vida.









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