Se trata de un término que ha sido mencionado en más de una asignatura, relacionándolo con los principios de la orientación. Aunque tenía una idea muy básica de su significado, he decidido ahondar en él y comprender de forma más clara de qué se trata.
Este término anglosajón se traduce como fortalecimiento, potenciación. El empowerment surge en la década de los 70 de la mano del americano Rappaport, contribuyendo a asentar las bases de la psicología comunitaria. Este concepto ya tenía traducción en otras lenguas desde épocas muy remotas (por ejemplo, desde hace más de 4.500 años en China).
Una de sus definiciones, creada por el propio Rappaport es: proceso por el cual las personas, organizaciones y comunidades adquieren control y dominio (mastery) de sus vidas.
Ese dominio se manifiesta en una fuerza interior, confianza para la acción y participación. En sus orígenes, el empowerment surgió como un modelo cuyo objetivo era la mejora del bienestar de los individuos a través de la potencialización de recursos, tanto individuales como comunitarios. En la actualidad, constituye una de las orientaciones de la psicología comunitaria.
Ahora bien, ¿qué es el empowerment? ¿Cuál es su materia prima? Según diversos autores, éste tiene dos componentes principales: la autodeterminación personal y la participación democrática en la vida comunitaria. El primero de ellos se relaciona con el locus de control personal y el conocimiento crítico del sujeto para analizar situaciones, mientras que la participación favorece el sentido de competencia y control social.
Se puede afirmar que esta potenciación tiene un fundamento ecológico al prestar atención a la relación de la persona en su contexto, con la finalidad de crear entornos en los que puedan manejar sus propios recursos.
¿Dónde está la relación con la orientación? El papel del orientador será hacer consciente a las personas de todo ese potencial interno. Según el planteamiento del empowerment, será así como logren el control y dominio de sus vidas, y por tanto, su bienestar y el de la comunidad.
Aunque hasta hace poco no se había mencionado este concepto en clase con el término en inglés, lo cierto es que, indirectamente, está presente en la mayoría de las asignaturas.
Parece obvia la necesidad de favorecer el empowermeent, sin embargo, a menudo nos centramos en aquellos aspectos más llamativos del sujeto, que generalmente son aquellos que representan dificultades en su vida. Si intentamos orientar partiendo de esa problemática, el cambio será muy complicado. Parece más coherente prestar atención también a los ámbitos no deficitarios, a los aspectos positivos, a la POTENCIALIDAD de la persona de cara a la intervención. Es desde este planteamiento de donde surge el carácter preventivo y proactivo del empowerment.
Éstas son sólo algunas de las ideas recogidas tras documentarme sobre el significado del término. Actualmente está en pleno auge en el mundo de la orientación y de cara a cualquier intervención (también ha cobrado especial relevancia en el mundo de la empresa y los recursos humanos). Parece algo más que justificado... Una vez más se reafirma la idea de contemplar a cada persona desde una visión global, considerando, por supuesto, sus puntos más fuertes y utilizando éstos como motor hacia el cambio y el bienestar.
